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En los Capítulos 14 al 16 del Segundo Libro de Crónicas, leemos acerca de Asa,
quien comenzó como un excelente rey. Cuando fue atacado por un ejército de un
millón de Etíopes, él clamó al Señor pidiendo ayuda con una de las oraciones más
maravillosas del Antiguo Testamento. "Señor, sólo tú puedes ayudar al débil y al
poderoso. ¡Ayúdanos, Señor y Dios nuestro, porque en ti confiamos, y en tu nombre
hemos venido contra esta multitud! ¡Tú, Señor, eres nuestro Dios!¡No permitas
que ningún mortal se alce contra ti!" (14:11) Esa expresión de fe fue suficiente
para que el Señor derrotara al enemigo. Esa oración de dependencia absoluta en
el Señor es también una buena oración para hacerla cuando enfrentamos pruebas.
Pero después de la victoria, un profeta vino y le advirtió a Asa diciendo,
"El Señor estará con ustedes, siempre y cuando ustedes estén con él. Si lo buscan,
él dejará que ustedes lo hallen; pero si lo abandonan, él los abandonará" (15:2)
Dios conocía el peligro de que Asa se volviera más confiado en sí mismo después
de su victoria, y dejase de depender constantemente del Señor cuando necesitara
ayuda. Este es el peligro que todos enfrentamos.
Y esto fue exactamente lo que ocurrió. Por los siguientes veinte años todo iba
bien con Asa. Pero luego enfrentó a otro enemigo - Israel - que tenía un ejército
mucho más débil que el de los Etíopes. Pero esta vez, en lugar de buscar al Señor,
decidió buscar ayuda de un rey pagano (16:1-6). Su problema inmediato sí se
resolvió, pero como resultado, Asa perdió espiritualmente. Dios envió al profeta
Jananí para señalarle esto a Asa.
En las palabras de Jananí para Asa, tenemos una de las promesas más
maravillosas del Antiguo Testamento. "El Señor recorre con su mirada toda la
tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles". (2 Crónicas 16:9).
Note aquí que los ojos del Señor no buscan a los de corazón fiel - Él ya sabe
quienes son. Aquí dice que Sus ojos se mueven alrededor buscando maneras en las
cuales Él pueda ayudar a quienes le son fieles. Esta es una hermosa promesa que
asegura que si somos discípulos fieles de Jesús, el Señor se moverá a favor
nuestro para ayudarnos sobre toda la tierra.
Una de las oraciones que he hecho durante muchos años es, "Señor, llévame
ante gente que esté buscando una vida santa en mi ciudad, para que nos podamos
bendecir mutuamente. Luego guíame hacia esa gente en mi país, y luego alrededor
del mundo." Si su corazón es completamente del Señor, y si su única ambición es
glorificar a Dios y hacer su voluntad en la tierra como en el cielo, entonces el
Señor le guiará hacia otras personas del mismo pensamiento, de todas partes del
mundo. Él le bendecirá a través de ellas, y a ellas a través de usted. Esa ha
sido mi experiencia a través de muchos, muchos años ya.
Muchos cristianos llevan la doctrina correcta, pero sus corazones no son
completamente del Señor. Tienen otras ambiciones. Incluso muchos obreros
Cristianos de tiempo completo tienen ambiciones privadas. Buscan honor, dinero
y comodidades. Por eso nunca experimentan la culminación de su promesa.
Abandone toda ambición carnal y dele su corazón completo al Señor para que
cumpla sólo Su propósito en usted, y Él trabajará milagrosamente para su bien.
Si usted espera en el Señor para que le encuentre un(a) compañero(a) de matrimonio,
Él traerá alguien para usted, así sea desde el otro lado del mundo si es
necesario, porque sus ojos se mueven a través de la tierra para su bien. Él
abrirá puertas alrededor del mundo para que le sirva, sin que usted tenga que
mover un dedo. Él suplirá cualquier necesidad, incluso antes de que usted se lo
pida.¡Hay increíbles bendiciones guardadas para aquellos cuyo corazón es
completamente de Él!
Pero el rey Asa no respondió en arrepentimiento al mensaje de Jananí. Al
contrario, estaba tan enojado que mandó a encarcelar al profeta. Las cosas fueron
de mal en peor. Asa comenzó a oprimir a los pobres Israelitas (16:10). Tres años
después Asa enfrentó otra crisis - esta vez en su propio cuerpo. Tenía una
enfermedad que afectó severamente sus pies - tal vez gangrena diabética. Siendo
el rey, tenía suficiente dinero para llamar a los mejores doctores del país para
que lo atendieran. Pero nunca hizo lo que debía haber hecho desde el principio,
antes de llamar a los doctores - juzgarse a sí mismo y buscar al Señor. Así, a
pesar de haber contado con la mejor atención médica, murió (16, 12-13).
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