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Artículo
1 Mayo 2008
Sed - Zac Poonen

En 2 Reyes 2:1-10, leemos como Elías probó a Eliseo. Primero le pidió a Eliseo que se quedara en Gilgal, mientras él seguía adelante. Pero Eliseo se rehusó a dejar a Elías. Entonces Elías lo llevó 15 millas al oeste a Betel, luego 12 millas de regreso a Jericó, y después 5 millas al este al Jordán, probando así la persistencia y vehemencia de Eliseo en cada fase. Finalmente, Elías le preguntó si había alguna cosa que le podía otorgar antes de que se fuera y Eliseo le dijo "Sólo una cosa quiero. Y por eso te he estado siguiendo por todo este tiempo. Por eso es que no me separaba de ti, incluso cuando trataste de retirarme. Quiero una porción doble de tu espíritu".

Eliseo deseaba esa unción con todo su corazón. No iba a quedar satisfecho con nada menos. Y obtuvo lo que pidió.

Creo que a veces Dios nos lleva, como Elías llevó a Eliseo, a probarnos, para ver si estaremos satisfechos con algo menos antes de enviar la completa unción de Su Santo Espíritu. Si vamos a estar satisfechos con algo menos, eso es lo que recibiremos. Dios no da su unción a creyentes orgullosos y complacientes que creen que pueden hacerlo muy bien sin Él.

Pero si nos damos cuenta de que Él es lo que necesitamos por encima de todo, y si como Eliseo estamos dispuestos a seguirle hasta tenerlo; si, como Jacob en Peniel podemos decir con sinceridad "Señor, no te dejaré hasta que me bendigas", si realmente deseamos y anhelamos el poder de Su Espíritu Santo, el poder de Su resurrección, entonces lo recibiremos. Entonces realmente seremos Israelíes, teniendo poder ante Dios y ante los hombres.

A veces Dios permite que los fracasos y las frustraciones entren a nuestras vidas sólo para mostrarnos lo mucho que necesitamos su unción. Él busca que nos demos cuenta de que a pesar de que somos evangélicos en doctrina y que el Espíritu Santo mora en nosotros, necesitamos conocer al Espíritu de Dios descansando en nosotros con poder.

No es una cosa fácil tener la unción. Cuando Elías y Eliseo la pidieron, no les dijo "Ah, lo que piden es algo fácil. Sólo necesitan arrodillarse aquí y yo les impondré las manos y lo obtendrán". No. Elías le dijo a Eliseo "Has pedido algo difícil". Sí, es algo difícil. Tenemos que pagar un precio por ello. Debemos estar dispuestos a dejar todo lo que hay en el mundo por ello.

Debemos anhelar la unción más que cualquier cosa en la tierra - más que el dinero y las comodidades y el placer, y más que la fama y la popularidad, incluso más que el éxito en el trabajo cristiano. Sí, sin duda es algo difícil. Pero es de lo que debemos tener sed. Cuando llegamos a ese punto, podemos ir a Jesús y beber, como dice la Escritura, ríos de agua viva que fluirán a través de nosotros en múltiples direcciones, trayendo vida de la muerte dondequiera que fluyan (Juan 7:37-39, Ezequiel 47:8, 9).

Si hemos recibido esa unción, debemos tener cuidado de no perderla a ningún costo. Podemos tenerlo y luego perderlo si no somos cuidadosos. Si caemos en la indulgencia de la crítica perniciosa, o en conversaciones o imaginaciones impuras, o permitimos que el orgullo o el rencor aniden en nuestros corazones, la unción se irá.

El apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 9:27 que él tenía a los miembros de su cuerpo severamente disciplinados, no sea que, después de haber predicado a otros, él mismo quedara descalificado. Creo que aquí se refería, no a la posibilidad de perder su salvación, sino la unción. Nunca ha dejado de maravillarme el hecho de que el apóstol Pablo, después de haber establecido tantas iglesias, haber realizado tantos milagros y haber sido utilizado tan poderosamente por Dios, se encontraba en peligro de perder su unción si era descuidado, entonces nosotros, ¿en que posición estamos?

   
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